Juan Carlos Zapata sobre la guerra entre boliburgueses
La intervención del Estado
venezolano sobre el incipiente imperio financiero de Ricardo Fernández
Barrueco ha dejado al descubierto una lucha de poder en los círculos
más cercanos a Hugo Chávez. Los ataques vienen y van entre aquellos
considerados como la “boliburguesía” del país, personas que han
fraguado su fortuna bajo el paraguas del presidente. Nombres de
ministros, guerrilleros, ex funcionarios y embajadores en Cuba se
entremezclan en una encrucijada que ha hecho tambalear las estructuras
dentro y fuera del Gobierno.
Un ministro de banca pública que no habla, que no sabe hablar, no
sabe explicar, que se enreda y enreda. Un ministro de Finanzas que
sigue echando las culpas al capitalismo, y en sus explicaciones intenta
engatusar más que aclarar. Una secta de “bolievangélicos
revolucionarios” que se unen para defenderse y apoyarse, para llevar
cuentos y cuentas, pero a la sombra del poder siguen operando
impunemente, manipulando la imagen de Dios, como se hace costumbre y
cultura, pues ya no es práctica ni conducta de los Hernández Behrenes y
Blanco La Cruz, quienes, para más señas son concuñados.
También es fórmula habitual en el tesorero nacional que se llena la
boca de santidad mientras sus manitas mueven los recursos de la banca
pública a la banca privada. Dinero con los cuales se adquieren bancos y
empresas para engordar grupos de boliburgueses. Esto no puede ser
gratuito.
Hay de todo en esta viña del señor. Ex-guerrilleros, dulces
guerreros (expresión acertada del escritor cubano Norberto Fuentes),
ex-soñadores que prefieren dejar el sueño y vivir la realidad del
dinero saltándose toda norma y control, dejando que los banqueros de
antes se hagan más ricos y los nuevos banqueros boliburgueses acumulen
fortunas jamás vistas. Un esquema de acumulación más rápido que el del
narcotráfico, ha dicho el secretario general de Acción Democrática,
Henry Ramos Allup.
Y también están los hijos de esos dulces guerreros, más azucarados
que los padres muertos o vivos. De ahí que el mismo Ramos Allup ponga
como ejemplo y emblema a Diego Salazar, hijo del muy modesto, el
fallecido Diego Salazar, leyenda de la guerrilla de añejos tiempos. Y
no es casual que este Diego Salazar, el joven, siendo primo menor y
preferido del presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, cuente con acceso a
los divinos petrodólares que hinchan y llenan. Y Ramírez, para que no
lo confundan, habla de la Pdvsa reducto imbatible de la Revolución,
reserva magna del bolivarianismo. ¡Cómo no!
La boliburguesía existe porque hay bolifuncionarios, ha dicho Ramos
Allup. Y miren que la verdad es clara, y la mentira tan oscura como la
figura del ex-ministro y alto líder del Psuv, Aristóbulo Istúriz, quien
asumiéndose seguidor del maestro honesto y auténtico, Luis Beltrán
Prieto Figueroa, llega al Ministerio de Educación y hace fiesta con la
póliza de seguros en complot con los hermanos Castillo Bozo, de Seguros
Banvalor, según ha precisado el dirigente de AD, y confirmado Teodoro
Petkoff, a quien le quitaron los avisos en Tal Cual por haberlo dicho.
Todo esto ha ocurrido desde el regreso al poder el 13 de abril de
2002. Viéndose huyendo, viéndose escondidos, viéndose desalojados del
gobierno el 11 y el 12, las figuras más y menos prominentes de la
revolución se observaron desnudas, sin dinero, sin recursos.
Desde ahí el desmadre se hizo más que evidente. Hágase historia de
los casos que se le imputan al ex ministro de Finanzas, Tobías Nóbrega.
Hágase historia de las emisiones de deuda, las notas estructuradas, los
bonos de Pdvsa, la emisión de La Electricidad de Caracas y los bonos
argentinos que comprometen a Nóbrega, a Nelson Merentes, a Rodrigo
Cabezas, a Rafael Ramírez.
Todo vino después de abril de 2002. Bajo la excusa de que muchos de
esos recursos se destinarían para financiar al partido y a la
Revolución, bolioperadores, bolifuncionarios y boliburgueses se
enriquecieron a manos llenas.
Después llegó el tiempo de las tribus. Cogieron pista al montar
estructura de poder. Por eso tanta pelea interna por los cargos con
recursos. Para colocar a la gente amiga, la gente leal. Gente que
llegaba a los puestos con las instrucciones establecidas y cantadas:
“La póliza es de tal… los depósitos son de tal… los contratos de tal”.
Aquí es donde toma fuerza la denuncia del diputado Ismael García en
torno a las mafias y los clanes. Mejor tribus. La de Adán Chávez, la de
Diosdado Cabello, la de José Vicente, la de Jesse Chacón. Y ya no solo
tribus de dinero, sino de poder, que aspiran al poder, que desean el
poder, y que se disputan el poder.
Uno perdía poder, Rangel. El otro acorralaba, Cabello. Y la caída de
Ricardo Fernández Barrueco no es más que una “operación de Cabello
contra el grupo de Rangel y el resto de las mafias que operan dentro
del gobierno nacional”, dijo en la plenaria de la Asamblea Nacional, el
diputado García.
Esto coincide con la visión de Fernández: “Soy víctima de un
complot”. Y el diputado Carlos Escarrá, queriendo defender a Diosdado
Cabello, le declara a El Universal haciendo un extraño juego de espejo
y retrato hablado: “Diosdado es un dirigente de esta Revolución,
socialista, leal, trabajador”.
No creo ni en esa pendejada de la “derecha endógena”. Ni creo que
Diosdado sea ahora el superhombre que tiene todos los recursos del
mundo. Diosdado, en jerga militar, respondería: “No me defiendas
compadre”. Quien anda sin defensa es Adán Chávez. Miren que Ricardo
Fernández se lo aconsejó: “no te vayas para Barinas”. Después lo ayudó,
inclusive entregándole a unos amigos de Adán el diario De Frente
Barinas.
Dicho y hecho: en la gobernación, Adán no ha podido hacer un buen
gobierno; permitió la resurrección de Argenis Chávez y Pedro Carreño, y
desatendió los asuntos en Caracas que llevaron a la caída de Fernández.
Por su parte, Rangel anda incómodo e incomodado. Resulta ahora que
la operación con el Banco Federal le ha salido al revés. El banco
vuelve a manos del banquero y directivo de Globovisión Nelson
Mezerhanne, visto el Gobierno en la obligación de salvar al banquero y
al banco para no echarle más leña a la situación bancaria.
El banquero, astuto, no desaprovecha la ocasión: “Aquí estoy para
hacerme cargo del banco”. Con estas palabras quería decirle a Rangel:
“perdiste”, y al Gobierno “pueden contar conmigo, si quieren”.
No hay hueso sano en el Gobierno. Que el tesorero nacional, que el
presidente de Pdvsa, que ministros, que gobernadores, ya se mencionen y
se involucren en este tablao de casos y cosas, habla de la proporción
del basurero.
Que salgan a colación los ex-funcionarios, los familiares, primos,
hermanos, cuñados, y hasta barraganas, -bolibarbie-, es como la
multiplicación en un espejo. Borges- de la maldad humana, o la
reproducción del ejemplo reciente de la piñata sandinista tan bien
explicada por Sergio Ramírez en el libro Adiós Muchachos. ¿Piñata? En
el caso del chavismo se trata de una bolipiñata, y para ejemplo la
última pelea entre Rafael Isea, Alejandro Andrade y la bolibarbie.
Según la confesión de un ex asesor de Finanzas, lo que estaba en juego
era un superfondo de varios millones de dólares.
Y por si faltara un elemento, ahora encontramos la injerencia
cubana. Lo contó Petkoff en Tal Cual. Los boliespías del G-2 cubano
siguen, vigilan, montan y revelan expedientes. En parte serían los
responsables de la caída de Fernández. Y miren que ellos mismos, los
boliespías, afirmaban que Fernández era un tipo leal.
¿Qué hizo entonces? Se tejen varias versiones. Desde que Fernández
integraba un grupo que presionaba para que se limitaran los flujos de
divisas a los cubanos hasta la hipótesis de que en Cuba ya huelen que
con el socialismo de Chávez no hay futuro y que hay que entrar en
pactos con la oposición y, por tanto, jugar al caos no está de más.
El caso es que en este país el poder está a merced de jugadas
siniestras de otras especies y otras faunas antillanas, y de allí la
enorme influencia de Ronald Blanco La Cruz, embajador en Cuba, o de Alí
Rodríguez, ex-embajador en la Isla y alta ficha de la nomenclatura
cubana, o de la impronta de Julio Montes, embajador en Bolivia, pero
ex-embajador en Cuba. Y eso explica por qué unos empresarios amigos
andan de inversores en los patios de Evo Morales.
Tampoco es casual que las altas cuotas de Adán tengan su origen en
sus tiempos de embajador en La Habana. Valga el momento para decir que
los boliespías cubanos piensan que la alta política venezolana se
decidirá por donde se mueva el capital, el gran capital. Pues, por lo
que se ve, los boliespías no quieren quedarse fuera de la operación.
Tampoco los bolievangélicos que entran en acción, lo cual obliga a
la incógnita de cómo hará el embajador dizque creyente para entenderse
con los ateos de Cuba. Extraño maridaje éste del materialismo
dialéctico con el espiritualismo ecléctico. O tal vez eso lo resuelva
la ecuación del totalitarismo salvaje cubano con el totalitarismo
parcial bolivariano, o bolitotalitarismo.
Ya nada será igual. Quien haya calculado que de aquí en adelante el
curso de la revolución bolivariana será reposado como las aguas de un
río llanero, pues bien equivocado está. El malevaje ha destapado muchas
alcantarillas. Y muchos ataques vienen y van. Crujen las estructuras
dentro y fuera del Gobierno. Hay una carrera de fondo. Hay miedo en los
testaferros. Y los operadores han optado por permanecer en el exterior,
hasta nuevo aviso.
En las casas de Bolsa hay derroche mutuo de culpas. Wilmer Ruperti,
el magnate petrolero, derrocha lujo en Italia, mirando a distancia. El
magnate de las telecomunicaciones, Oswaldo Cisneros, es citado a la
Fiscalía. Omar Farías, Seguros Constitución, niega ser testaferro de
nadie. Rafael Sarría guarda silencio extremo, rezando a la Rosa Mística.
Un banquero asegura que a Fernández le terminarán quitando los
camiones de ATC y las plantas agroindustriales. Nada de raro, viendo a
Chávez amenazar a toda la banca, por lo cual gana la tesis de que la
operación al final terminará justificando la estatificación total del
sistema, y así la oposición pierde la principal fuente de
financiamiento para el 2010.
Se armó la corredera. Los depósitos de gobernaciones y alcaldías en
bancos pagadores de comisiones, saltan al tapete otra vez. Quienes
dudaron de las revelaciones de Carlos Kaufman en el juicio de Miami
pueden darse ahora por enterados. Sucede como en una gran ciudad donde
las bandas se disputan el territorio. Nadie cree que existen hasta que
se caen a plomo parejo en una esquina, en una calle, en un bar.
¿Quién detiene la guerra? ¿Cuántos cadáveres en la vereda? ¿Cuántas
víctimas sin perdón ni excusas? Y lo que es peor, ¿con qué cara se
sentarán aquellos y otros nombres en las primeras filas del Congreso
del Psuv ante la evidencia fresca, perfilada y pública de esta primera
batalla campal?
Publicado: 12:12 PM, 27 de Diciembre 2009 en CODIGOVENEZUELA.COM